¡Ay de mí!


Mi mujer me manda a la cama porque
se me ha ido la sal con el whisky.

Otro día más en la lucha
contra la prohibición:
La brigada de la petaca
contraataca de nuevo.

He de estar sereno para
comportarme como un
hombre,
he de permanecer sereno para ser
lo que a duras penas logro entender,
he de mostrar la criatura infernal que
he llegado a crear dentro de mí,
en el laboratorio personal del horror

(¡AY el día que lo haga!…).

He de ser lo que otros quieren que sea.

Ellos no saben
que con mucha dificultad soy
lo que yo quiero ser,
ellos no imaginan
que la mayoría de las veces que me ven,
no soy yo,
ellos no saben del monstruo
en que puedo llegar a convertirme.

Ellos no saben que ni siquiera ellos,
con toda esa facilidad,
son lo que creen que son.

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