Mi pequeña bastilla


Colgando del destierro
de mi propio anatema literario.
12 metros cuadrados en un cubo vacío,
la sesera yerma, 12 mm sin cuadrar apenas.

Demasiados días perdidos
y muchos más desperdiciados.
No doy con un ardid
al que poder pulir con gusto
para entretenerme,
no hay trama que valga.

Todo es artificial
excepto la chispa de una vida
que no encuentra sentido.
Luz de gas…
La muerte es una tirada de dados de Mallarmé,
la rodilla de Moisés,
esa jaula abierta llena de pajaritos
que llevo dentro
pero que no se atreven a salir,
todavía queda ese miedo a vaciar el cajón,
vaya que se lo lleven todo y me dejen en cueros.

Tienen que volver los días de vino y rosas
para prender fuego a todo esto
antes de que se me ahogue
el poco sentido común que me queda
entre toda esta farsa.

Recuerdos en penumbra por todos los rincones
llamándome a voces,
una tétrica mascarada interior,
una brutal sinfonía,
ni Wagner sabría cómo meterle mano…

Es extraño estar hecho polvo
y con las ganas
así que tendré que extraer algo
de donde seguramente, al fin y al cabo,
lo haya, si no ¿para qué cavar?

Tomaré al asalto
esta pequeña bastilla
que se aferra a mis huesos
y deja a cualquier vicio sin altura.

¡Comparte!
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter

Submit a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *