Mis hojas mustias


Mi vida se seca como el bambú
de la cocina.
Supongo que todo termina por secarse
menos el objeto.
Hay dentro de mí una tristeza tan simple
que a veces no sabe emerger.

Y sonrío
cuando me sonríen
porque solo los idiotas
hacen lo posible
para que los demás noten su situación,
y mi risa es tan cierta
que se puede masticar sin tener que cambiar
mi estado interior de sitio.

Pero los idiotas
son los únicos que no saben
la manera exacta de actuar,
de comprender, de apreciar, de aprender…

Hay dentro de mí una tristeza tan torpe
que a veces tropieza y se echa atrás
y se entretiene amordazando demonios
para que se divierta un poco
todo lo que todavía queda de mí.

Mi corazón es de bambú,
el tallo inquebrantable
las hojas triscan
al contacto con la luz.

Algo no funciona bien por dentro
y por fuera sigue brotando el tiempo
desperdiciado como una bolsa de pipas,
cayéndose en pesados gajos
que crujen de hastío
según los voy soltando.

Mi corazón, mi jardín de 2ª mano,
mis hojas mustias pereciendo a la luz
de rotos amaneceres;
cada noche sin dormir
sueño que vuelven a ponerse verdes,
tan solo bostezando, sin dormir,
mis hojas mustias.

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