Mis pobres huesos


A medida que el tiempo va pasando
siento dolores que antes no sentía,
sí, otra vez con el trabajo…

Al levantarme por las mañanas
siento como las piernas me regañan,
yo les digo, tranquilas,
un par de días más
o los que sean y estamos fuera.
Una contractura de la hostia
por la zona de la clavícula,
se me duerme el brazo entero
por las noches de vez en cuando
y le digo, tío, ya está bien,
duermes más que yo, coño…
Claro, encima
uno no duerme apenas ni en condiciones
casi nunca entre unas cosas
y otras peores.

Dicen que 43 años no son muchos,
bueno,
no quiero ni pensar dentro de 10 años, si llego,
en la intensidad de los gritos de mis huesos
pidiendo descanso (más bien exigiéndolo),
o amor, o gloria o algo que los distraiga
de los temibles gusanos.

Mis pobres huesos, intentando sostener
toda esa triste carne
que se va descolgando año tras año.

Mis pobres huesos sujetando
el dolor y las arrugas del pellejo,
que me duelen como agujas clavadas de repente,
mi piel, cada vez más deshidratada e irascible
por echar de menos su tersa juventud
que ya…
nunca vendrá, ¡NUNCA!

Solo necesito tiempo,
necesito tiempo para pensar más todavía,
odio a ese hijo de puta,
odio al hijo de puta del tiempo
y sin embargo lo necesito,
¿será posible esto?

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