Protagonistas (ensayo)


De sobra sabemos todos (excepto los idiotas

a los que voy a poner a parir ahora mismo)

que siempre tiene que haber alguien a nuestro alrededor

que necesita ser “el protagonista”.

   Siempre hay algo… igual que siempre hay alguien

que tiene que ser el protagonista a toda costa.

   Sí, “el protagonista” es el personaje principal

(valga la redundancia) que ocupa mi despreocupada mente

ésta noche, hoy, y lo va a pasar muy mal… ¡OH SIII!

¡VERDADERAMENTE MAAAL…!

   Para empezar, lo peor de todo es, que la persona

que quiere o necesita ser siempre la protagonista,

sea amiga tuya.

   No creo que alguien que necesita ser constantemente

el centro de atención tenga personalidad ni principios,

por lo tanto creo que esas personas

necesitan a otras personas solamente para imponer su penosa autoridad y sus estúpidos caprichos, de no ser así, no habría nadie en este mundo que los aguantase, y morirían sin remedio, que es lo que deberían hacer…;

aun así, hay personas con muchísimo aguante, tanto por un lado como por el otro, quiero decir…

   Al resto de las personas nos puede dar igual o no

tener amigos, pero un protagonista como dios manda, los necesita, y al final, cuando la pobre criatura ha perdido

a casi todos (como suele ocurrir), siempre hay alguien

que ha de soportar su infecta mierda solo porque

le da cierta cosa mandarle a tomar por culo.

   Da igual, de todas formas, que el protagonista pierda

a todo su círculo, saltará como una desesperada pulga

a otro perro, se hará con otro círculo de amigos

que no se darán cuenta de lo que tienen

hasta que comiencen a rascarse detrás de las orejas.

   A la persona protagonista se la suele reconocer sobre todo

por un hecho que no puede evitar disimular,

es un acto reflejo en tanto que, obviamente estúpido:

   “si alguien en alguna reunión o lo que sea

   dice algo gracioso,

   el protagonista no se reirá, o lo hará falsamente si lo hace,

   ya que él no es el que ha hecho la gracia”.

   Incluso a veces cuando la gente sigue descojonándose,

os daréis cuenta de cómo intenta hacer algo superior para echar por tierra la gracia que la otra persona ha hecho, lo realmente gracioso es que eso le suele salir mal la mayoría de las veces,

de ahí el tremendo ridículo que representan estos personajes

admitidos todavía en la sociedad dios sabe por qué,

¿por lástima?

                              Óscar Malvicio.

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