Un poema de barrio


Creo que tenía más o menos unos 4 años
cuando llegué a esta mierda de pueblo,
que no era más que un triste barrio
que brotaba
entre las afueras de Guadalajara
y las vías de tren de las afueras de Madrid
como un gran rastrojo.

Bueno,
el mismo día que llegué aquí conocí a Tomás,
el amigo que me acompañó
en casi todas mis peripecias de niño de barrio
y un poco más allá…
Vi como se le caía un coche desde el tercer piso,
era un cochecito verde de plástico que imitaba
a los cochazos de carreras de los años 60,
una porquería de coche.
Yo lo cogí y me quedé esperando
a que bajaran a por él.

Tomás bajó a por él, tranquilo y ufano
atravesando la pesada puerta enrejada del portal,
todo un chiquillo rechoncho y avispado.
Me pidió el coche.
Al coche se le habían salido las ruedas
y los palieres.
Así que le puse todas las piezas en la mano.
Está roto, vente a mi casa y te doy otro,
le dije,
pero me das el tuyo.
Me dio el suyo.
Se vino conmigo y se llevó más de uno.
Después de eso quería siempre venir a mi casa
a robarme los juguetes.
Fue el comienzo
de una gran amistad.

Mi viejo una vez le cogió tirando
por el balcón unos clicks de Playmobil
y lo largó de casa.
A raíz de aquello, mi viejo
nunca quiso que entraran en casa mis amigos
ni que yo fuera a las casas de ellos.
Aunque yo los llevaba,
bueno, a Tomás no, claro.
Nunca me importó que Tomás me quitara
los juguetes, tenía muchos
y siempre andaba jugando con los lisiados.
Montando y desmontando,
un pequeño mecánico solitario
en su pequeño taller.
Lo que en realidad me importaba
era que una personita hiciera esa clase de cosas.
Qué más da,
cuando somos pequeños hacemos lo que sea
para tenerlo todo
e intentamos dar lo menos posible,
lo malo es que muchos siguen haciéndolo
el resto de su pobre vida.

Con el tiempo, Tomás debió de darse cuenta del asunto
y nos hicimos más amigos,
hasta el punto de escribirnos cartas
cuando estábamos de vacaciones,
defendernos en peleas, dejarnos pasta (él a mí)…
En fin,
Ahora no tenemos mucho contacto pero lo cierto
es que ninguno de los 2 necesitamos tanto
el mero hecho de vernos, es extraño pero agradable,
y cuando uno de los 2 tiene un problema,
si el otro llega a enterarse, llama o se presenta.

Supongo que todos estamos aquí para eso,
para pasar la vida lo mejor posible
sin molestarnos demasiado.

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